Libros de auto-ayuda, conferencias de liderazgo, y estrategias modernas para "ayudarnos" a desarrollar nuestro potencial como líderes, son las tendencias que se imparten hoy en día.
Nuestras iglesias no son ajenas a esta realidad, también se hacen eventos y se escriben muchos libros para "formar" líderes que usen su potencial en favor del evangelio.
Sin embargo, en ese afán nos hemos alejado del modelo de liderazgo que Jesús promovía, el cual es muy diferente al que se imparte en las calles y también en la iglesia. Tal vez nos falta examinar bien nuestra motivación respecto al liderazgo y no tergiversarlo como si fuéramos jefes que sólo damos órdenes a nuestros subordinados y que si no cumplen con lo que se dice, entonces están fuera de la "visión".
Jesus nos enseña un modelo de liderazgo que comienza por el servicio, nos enseña a no ver el liderazgo como una meta, es decir, estar como "siervo" un tiempo y luego cosecho los frutos del servicio llegando a ser líder, sino, Jesús nos dice que cuando nos enfoquemos sólo en el servicio, habremos comenzado a liderar.
Marcos 9:35 (BLPH) Jesús entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: — Si alguno quiere ser el primero, colóquese en último lugar y hágase servidor de todos.
Muchos por andar entretenidos en el liderazgo dejaron del lado al servicio, porque bajo el modelo de Jesús, el liderazgo se mantiene por el servicio, es decir, mientras estoy inmerso en el servicio, mi liderazgo se mantendrá vigente ante los ojos de Dios.
Muchos de nuestros líderes al enfocarse en su liderazgo y no en su servicio, sólo se convirtieron en jefes. Puedes tener el cargo, la iglesia te puede respetar por la posición, pero ante los ojos de Dios, ya dejaste de ser un líder.
El líder no anda pensando en su posición ni en sus privilegios, el líder está viendo qué puede hacer para que los demás sean mejor que él.