No hay amigos en la Iglesia


Mucha gente se encuentra sin esperanza, muchos ya lo han intentado todo y sienten que ya no pueden más.

Por diversas razones, llegan a la iglesia, el lugar en el que se habla tanto del amor, pero donde poco se practica ese amor.

Parece que la iglesia anda muy contenta donde cada quien tiene su círculo y no hay espacio para aquellos que llegan por primera vez, sedientos de un saludo, un abrazo, unas palabras que los hagan sentirse especiales, al no encontrar en el mundo nada de eso, creen que en la iglesia se puede encontrar verdaderos amigos.

Pero la iglesia lo anda complicando todo. Lo hacemos tan difícil. Hablamos de evangelismo, y creemos que es pararse en el mercado con un bombo y una pandereta, o alucinamos que sólo se evangeliza en conciertos de rock con harta música de las bandas del momento. Cuando lo que en en verdad impacta la vida de la gente y lo que toca su corazón, es cuando decidimos hacernos sus amigos.

No basta con ir a la iglesia, sentarte, pararte, orar, cantar y opinar de lo que te gustó y te disgustó. Tenemos que hacer algo más que sólo eso: Tenemos que estar siempre mirando hacia la puerta, no para ver cómo vienen vestidos, o si se peinaron o se bañaron, es para ver si hay alguien nuevo para correr tras ellos, saludarlos y abrazarlos. Hagamos que se sientan especiales. ¡Ese es el evangelio simple!

A la gente no le impacta la majestuosidad de nuestros templos, nuestra música moderna, la prédica, o la manera en cómo se ora, o se enseña; a la gente le impacta tu amor, ese amor que Dios puso en tu corazón para compartirlo a los necesitados. Todos los que van a la iglesia están necesitados.

Hacer discípulos es una orden que Jesús le dio a la iglesia. Y la manera sencilla de iniciarlo es con un saludo de amigo.

El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos. Juan 31:35 (Nueva Traducción Viviente)

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